Cuando los impuestos no cubrían todas las necesidades económicas de la corona, muchos monárcas fomentaban la práctica de la piratería. Ramón Berenguer III, conde de Barcelona, saqueó Mallorca e Ibiza en el siglo XI para poder incrementar sus arcas. Tres siglos más tarde, Pedro IV el Ceremonioso, rey de la corona Catalanoaragonesa, se especializó en atacar a las naves barberiscas y en el comercio de esclavos desde Barcelona.